martes, 30 de agosto de 2016

Esta es la experiencia de Gabriela Arias Uriburu que compartió con Natty Petrosino en la selva formoseña en las comunidades Wichi tan caras a la labor de Caridad de Natty.




Algunos de los testimonios de Gabriela:

''El amor no es dar, el amor no es recibir; es ser amor. Ella es amor. Quiero en esta foto agradecer a todos los que han colaborando y lo siguen haciendo con su obra. Yo simplemente tuve la bendición que mi hermano del alma Marcos Molina me la presentará en el año 1998 y a partir de allí nos acompañamos en nuestro servir y labor en esta existencia''.


''Los niños haciendo cola para recibir las golosinas. Comenzó otra experiencia múltiple para nuestros corazones.''

"Cada instante es una celebración". Una anécdota maravillosa de mi primer viaje en el 2002; estábamos todos trabajando en lo que sería la Salita de salud. Nos tomamos un receso y nos sentamos a merendar cuando se acerca una mujer Wichi y entonces Natty saca de nuestras manos el paquete de galletitas y se lo da literalmente todo a ella''.


''Las Mujeres al costado esperando observando... Natty me decía "visten las ropas que les trajimos" Cada cosa que se trae a la selva Formoseña está clasificada en un depósito que tiene Natty en Bahia Blanca donde le llegan las donaciones. Impactada con la perfección con la que se lleva la obra. Aquí nada se convierte en basura, todo lo que se elige para ellos es lo que necesitan. "Estar a la altura de las circunstancias. Ni más ni menos; se entrega lo que va a usarse".


"En cada paquetito que dábamos a cada niño me permití abrir mi corazón y que me traspasara la experiencia. Mirarlos y verlos no alejándome queriéndome proteger de la inmensidad intensidad de sus nervios y ansiedades. Son niños con hambre que viven situación anormales. No podía quedarme en mi postura viviendo la experiencia, abrí mi corazón y me deje llevar por la experiencia para que lograra la transformación en mi. Mi corazón latía a mil por hora, algunas lagrimas asomaban no me violentaba él hambre de la historia me deje conducir por el ser amor. Ya no éramos el otro o lo otro estábamos allí danzando la magia de las golosinas. Natty sabía si alguno hacia dos veces la fila para tomar más golosina. Yo me descubrí en todas las niñas tratando de tener algo de lo que alguien se llevó dejándome en el abandono y alienación total. Que humanidad perpetradora que baila la loca danza del hambre".


"Aquí está Natty enseñándonos que más allá de las condiciones humanas la divinidad nos ama, no nos abandona. "No estamos solos"… "


"Paramos en la mitad del camino para bendecir nuestro encuentro. Comencé a agradecer cada instante de nuestra existencia; cuánto Dios nos da y nos ama. Natty que con sus 78 años manejó desde Bahía Blanca a la selva Formoseña. Hace 25 años que lo hace. Y Angie; en ella se representó a todo un grupo de bellas personas que están al servicio de esta obra."